El dolor en una obra de arte

Hace unos años, en el 2019, conocí Berlín, cuando fui a mi primera WordCamp Europe. Disfruté muchísimo la experiencia con mis maravillosos amigos de WordPress: Juan Hernando, Carlos Longarela, Jorge González y en ese año, por supuesto, el gran José Luis. Dejé algunas fotos de este viaje en el artículo de Basilea.

Después de la WordCamp siempre intentas empaparte de la ciudad que hospeda el evento, y con Jorge como nuestro guía, buscando los sitios más importantes de esa preciosa metrópoli, «la ciudad pobre, pero sexy», como decía su polémico alcalde Klaus Wowereit entre los años 2001 y 2014.

En esa ruta, conocimos por azar el Edificio de la Nueva Guardia de Berlín (en alemán Neue Wache); es uno de los lugares más simbólicos de la ciudad, tanto por su arquitectura como por su significado histórico. Está en la avenida Unter den Linden, en pleno centro de Berlín, cerca de la Universidad Humboldt y la Ópera.

No es un monumento «espectacular» en tamaño, pero sí uno de los más cargados de memoria y simbolismo de Alemania.

Se construyó entre 1816 y 1818 por el arquitecto Karl Friedrich Schinkel, de estilo neoclásico, con inspiración de templos griegos, y su función original era ser el cuartel de guardia del Palacio Real prusiano. Servía como monumento a los soldados caídos en las guerras contra Napoleón.

Como casi todas las cosas, sufre el uso político del pasado y se cambia su enfoque acorde con la etapa histórica y su propia narrativa:

  • En 1931, se convierte en memorial de los caídos de la Primera Guerra Mundial
  • En la etapa nazi, se usó como espacio ceremonial del régimen
  • Estando en la Alemania del Este (RDA), se usó como memorial a las víctimas del fascismo y militarismo con la llama eterna.

En la actualidad, cumple una función de memoria histórica de Alemania, un homenaje a las víctimas de la guerra y la tiranía, representando a las víctimas sin distinción.

Dentro tiene una escultura impactante. Para mí, la definición más potente de obra de arte.

Tendemos a pensar en el arte como una «obra» bella.

Para mí el arte es cualquier cosa que hacemos las personas, pero que genera un impacto. Sea cual sea, en la persona que lo visualiza.

Madre con su hijo muerto. Käthe Kollwitz
«Madre con su hijo muerto». Käthe Kollwitz

Es una escultura que se titula: «Madre con su hijo muerto» de Käthe Kollwitz. Está colocada bajo un oráculo abierto al cielo, donde entran la lluvia, el sol, la nieve y el frío. No es casualidad. Simboliza el sufrimiento humano expuesto sin protección.

Me generó un profundo impacto emocional cuando la vi por primera vez. No es habitual que me exprese de esa forma tan emocional ante una obra. Pero me cautivó por completo. No sabía su historia, ni todo lo que buscaba representar. Esa información la busqué posteriormente.

Años después de esa primera visita, volví a Berlín, esta vez con mis mejores amigos de la infancia, que solemos viajar juntos una vez al año. Al volver, el impacto que me generó la obra fue igual o más poderoso incluso que la primera vez.

Entiendo que depende mucho de tu estado emocional o espiritual. Vamos evolucionando y cambiando, como dice el dicho hindú:

«Nada ha cambiado. Solo yo he cambiado. Por lo tanto, todo ha cambiado»
Proverbio Hindú

La obra es importante porque no glorifica la guerra, la cuestiona. No celebra victorias, no tiene exceso de elementos, juega con el vacío y la emoción.

Käthe Kollwitz (1867–1945)
Käthe Kollwitz (1867–1945), autor desconocido. Fuente: Wikimedia.org

En ese momento me puse a investigar sobre la artista Käthe Kollwitz (1867–1945), una de las figuras más conmovedoras del arte alemán del siglo XX.

Fue una artista (grabadora, escultora y dibujante) asociada al expresionismo; se centró mucho en el sufrimiento humano (todos y todas somos hijos de nuestros tiempos). Su obra es cruda, directa y emocional.

Como muchas artistas, hubo un elemento que la marcó: fue la muerte de su hijo Peter en 1914, en la Primera Guerra Mundial. Esa obra que puedes ver en el edificio se inspira en su propia pérdida.

No la crea como un encargo inicial. Hay una necesidad personal de expresar el duelo de su hijo.

No podemos comparar una muerte, pero como padre, me cuesta imaginar una muerte más difícil de asumir que la de tu hijo o hija.

La Viuda I
Käthe Kollwitz, Public domain, via Wikimedia Commons

La obra es un mensaje contra la guerra, sin glorificar muertes heroicas, de esas mierdas de obras que puedes ver en muchos sitios del mundo con sus ayuntamientos evocando grandes héroes que dieron pie al Estado nación de turno y que «dignifica» el pasado (sobre todo en caballos, no puede faltar el puto caballo).

Del dolor personal de Kollwitz, se crea una obra que trasciende a su hijo, a todos los hijos e hijas muertos por culpa de la guerra.

El régimen nazi lo consideró «degenerado» apartándose de la vía pública, ya que no encajaba con la visión militarista de la narrativa en cuestión.

Si pasas por Berlín, te recomiendo encarecidamente que disfrutes de esa obra tan impresionante. Es minimalista, silenciosa y dolorosa. Narra una historia muy potente e invita a la reflexión y a tus emociones más humanas.

Me parece sorprendente que una obra tan antigua tenga tanta vigencia en la actualidad.

Somos sin duda seres imperfectos, llenos de errores y vicios. Pero que en 2026 todavía asistamos a las guerras que tenemos a nuestro alrededor y no cuestionemos (con espíritu crítico) la validez o pertinencia de nuestras democracias actuales, partidos políticos, medios de comunicación o el sistema tal cual existe en la actualidad, demuestra las múltiples carencias mentales y emocionales que tenemos.

Suelo ser muy optimista, y sí, estoy convencido que las estadísticas nos pueden demostrar que el mundo hoy es un poco mejor que en el pasado. Pero que en pleno 2026 sigamos viendo las guerras que tenemos a nuestro alrededor me entristece ¡Cuánto recorrido nos queda carallo!

Solo espero que artistas como Käthe Kollwitz sigan creando por los siglos de los siglos, demostrando una evolución espiritual más grande que las personas que causan y promueven esos conflictos.

¡Larga vida y prosperidad! Y que el arte siempre te acompañe.

Foto del autor
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