Hay un momento concreto en todo proyecto nuevo: el correo con los accesos.
Search Console, Analytics, a veces el CMS y, si hay suerte, alguien de sistemas que responde.
A partir de ahí empieza una cuenta atrás que me tomo bastante en serio, porque lo que encuentre en los dos primeros días condiciona los seis meses siguientes.
Durante mis primeros años hice lo que hace casi todo el mundo. Lanzaba un rastreo completo el primer día, esperaba a que terminara y me ponía a rellenar una plantilla de noventa puntos. Salía un documento largo, ordenado y correcto. Todo lo que decía era verdad.
Y era casi inútil, porque no respondía a la única pregunta que le importa a quien lo paga: por dónde empezamos.
Lo que viene a continuación es el orden que uso hoy. No es una lista de verificación, es una secuencia. Y el orden es lo único que la hace útil.
Antes de abrir alguna herramienta
Hago dos preguntas por correo, antes incluso de mirar el sitio.
La primera: qué página o qué tipo de página les trae clientes de verdad. No visitas, clientes. Contactos, pedidos, llamadas, presupuestos.
La segunda: qué cambió en los últimos doce meses. Migración, rediseño, cambio de CMS, agencia nueva, agencia que se fue, un lanzamiento, una limpieza de contenido.
Las respuestas suelen llegar cortas y desordenadas, y aun así valen más que las primeras cuatro horas de análisis. Sin ellas estoy mirando datos sin saber cuáles importan. Con ellas sé qué URLs vigilar y en qué fecha poner la lupa.
Cuando la respuesta a la primera pregunta es «no lo sabemos», eso ya es un hallazgo, y suele ser el más caro de todos.
Horas 0 a 3: comprobar que Google puede ver el sitio
Esta parte es aburrida y no la salto nunca.
Miro el informe de páginas indexadas de Search Console y lo comparo con el número de URLs que el negocio cree que tiene. Cuando la diferencia es de un orden de magnitud, ya sé que el problema no es de contenido ni de enlaces.
Es de indexación, y no tiene sentido optimizar nada que Google no esté leyendo.
Después reviso lo obvio, que falla más de lo que debería: robots.txt, la etiqueta de robots en las plantillas principales, el sitemap y si lo que hay dentro coincide con lo que el negocio quiere posicionar.
Miro también las redirecciones de la home, con y sin www, con y sin barra final.
Lo último de este bloque es contar cuántas versiones de la misma página existen. Filtros, ordenaciones, parámetros de campaña, versiones con y sin barra final.
En catálogos grandes es habitual encontrar que el número de URLs rastreables multiplica por diez el número de productos reales, y eso significa que el rastreo se está gastando en páginas que no interesan a nadie mientras las fichas nuevas tardan semanas en entrar.
En un ecommerce de recambios, uno de los proyectos donde más rápido encontré el problema, la mitad del catálogo estaba fuera del índice por una etiqueta puesta en la plantilla de categoría durante una migración de hacía año y medio.
Nadie la había tocado desde entonces porque nadie había vuelto a mirar ese informe. El primer entregable de aquel proyecto fueron cuatro líneas de código.
Lo cuento porque ilustra bien el punto: los hallazgos que más dinero mueven casi nunca son sofisticados.
Horas 3 a 8: de qué vive el proyecto hoy
Aquí es donde separo el ruido de lo que paga las nóminas.
Exporto los datos de rendimiento de los últimos dieciséis meses y ordeno las URLs por clics. Luego hago una división que me parece obligatoria antes de opinar nada: tráfico de marca y tráfico que no es de marca.
Muchos proyectos que parecen sanos lo están porque la gente busca su nombre. Eso está muy bien, pero no es un logro de posicionamiento, es un logro de notoriedad, normalmente conseguido por otro departamento.
Si quitas esas búsquedas y lo que queda es una décima parte, el diagnóstico cambia por completo.
Cruzo esa lista con las páginas que el cliente me señaló como generadoras de negocio. Las combinaciones interesantes son dos.
Páginas que traen mucho tráfico y ningún cliente. Ahí suele haber contenido informativo que atrae a un público que nunca va a comprar, y la pregunta no es cómo posicionarlo mejor, sino si merece la pena seguir invirtiendo en él.
Páginas que traen pocos clics y muchos clientes. Esas son las que miro con lupa el resto del día, porque cada posición que ganen se nota en la caja.
Horas 8 a 16: qué se cayó, cuándo y contra qué
Casi nadie contrata a un consultor cuando todo va bien. Así que en algún punto hay una caída, y hay que fecharla.
Comparo el periodo actual contra el mismo periodo del año anterior, nunca contra el mes pasado, porque la estacionalidad se come cualquier conclusión. Con las URLs que más han perdido, busco tres explicaciones posibles y en este orden.
La primera es que el sitio cambió. Migraciones, rediseños, contenido borrado, plantillas nuevas. Esto es lo más frecuente y lo más fácil de revertir.
La segunda es que la competencia mejoró. Se comprueba mirando quién ocupa hoy esas posiciones y qué tiene que antes no tenía.
La tercera es que cambió el resultado de búsqueda, y esta se ha vuelto la más habitual desde que las respuestas generadas por IA ocupan la parte alta de la página.
Aquí conviene tener cuidado con las cifras que circulan, porque varían mucho según la metodología.
Un estudio de Ahrefs con datos de diciembre de 2025 midió un CTR medio un 58 % inferior para la página mejor posicionada cuando aparece una AI Overview.
El seguimiento longitudinal de Seer Interactive, en cambio, registró una recuperación parcial durante el primer trimestre de 2026, con una diferencia que se estabiliza en torno al 37 % frente a las consultas sin AI Overview.
Lo traduzco a lo que significa dentro de un proyecto concreto: si las impresiones se mantienen y los clics caen, no has perdido posiciones, has perdido clics.
Son dos problemas distintos y se arreglan de forma distinta. El primero se ataca con contenido y enlaces.
El segundo, con la parte de la consulta que todavía obliga a entrar en una web, que suele ser la transaccional, la comparativa y la que exige datos propios.
Esta distinción es la que más discusiones me ha ahorrado en reuniones. Un cliente que ve caer el tráfico asume que el trabajo está mal hecho.
Enseñarle la curva de impresiones al lado de la de clics cambia la conversación entera.
Horas 16 a 20: mirar a la competencia, pero solo a tres
Comparar contra todo el sector no sirve de nada y además da pereza leerlo.
Elijo tres competidores y por motivos distintos. Uno que compita en negocio, aunque no posicione bien, porque es el que pelea por los mismos clientes.
Uno que compita en búsquedas, aunque no venda lo mismo, porque es el que ocupa las posiciones que queremos.
Y uno pequeño que esté creciendo rápido, porque suele estar haciendo algo concreto y copiable.
Con esos tres miro dos cosas. Qué páginas tienen que nosotros no tenemos, que es la forma más rápida de detectar huecos de catálogo o de contenido.
Y qué cambió en su web en el último año, que se ve razonablemente bien con el archivo histórico de sus categorías principales.
Lo que no hago el segundo día es sacar conclusiones sobre su perfil de enlaces. Se puede mirar por encima para saber si el crecimiento viene de ahí, pero afirmarlo en un informe con veinte minutos de análisis es exactamente el tipo de conclusión que luego cuesta defender.
Día dos: las plantillas, no las páginas
El segundo día dejo de mirar URLs sueltas.
Casi ningún problema de arquitectura es individual. Si una ficha de producto está mal resuelta, están mal las nueve mil que usan esa misma plantilla. Así que agrupo por tipo de página y reviso un ejemplar de cada grupo con calma.
Lo que busco en cada plantilla es concreto: qué texto es único y qué texto se repite en todo el grupo, es decir dónde hay contenido duplicado de plantilla, qué enlaces salen de ahí y hacia dónde, si el título y el encabezado dicen lo mismo o se contradicen, y si esa plantilla es alcanzable con pocos clics desde la home.
Después miro la canibalización, que en catálogos grandes es endémica. Cuando varias URLs compiten por la misma consulta, Google va rotando entre ellas y ninguna consolida. Se detecta rápido ordenando las consultas por número de URLs distintas que han recibido impresiones para ese término.
Y reviso los enlaces internos hacia las páginas que identifiqué el día anterior como generadoras de negocio. Es sorprendente la cantidad de proyectos en los que las páginas que dan dinero reciben menos enlaces internos que el blog. No hace falta comprar nada para arreglar eso, solo decidir dónde apuntan los enlaces que ya tienes.
La conversación que da más información que cualquier herramienta
En algún punto de esas 48 horas pido media hora con quien vende.
No con marketing. Con quien coge el teléfono o cierra los presupuestos.
Le hago tres preguntas. Qué te preguntan siempre los clientes antes de comprar. Qué tipo de cliente te gustaría tener más. Qué objeción se repite hasta cansarte.
De ahí salen las páginas que faltan, y salen mejor que de cualquier herramienta de palabras clave. La objeción que un comercial repite quince veces al día es una consulta de búsqueda con intención comercial altísima que casi nunca tiene una página que la responda.
Esa media hora es, con diferencia, la parte más rentable de los dos días. Y es la que más se salta la gente, porque no parece trabajo técnico.
Lo que entrego cuando terminan las 48 horas
No entrego una lista de tareas. Entrego cuatro cosas.
Un diagnóstico en un párrafo. Si no cabe en un párrafo es que todavía no lo entiendo.
Entre tres y cinco hipótesis ordenadas por dinero, no por dificultad ni por número de páginas afectadas. Cada una con lo que creo que pasa, cómo se comprueba y qué implicaría arreglarlo.
La lista de lo que hay que arreglar ya, sin esperar a nada. Suelen ser cosas de indexación o de redirecciones, y suelen resolverse en horas.
Y la lista de lo que no he podido saber en dos días.
Ese último punto es el que más confianza genera, aunque parezca lo contrario. Un diagnóstico que dice de todo en cuarenta y ocho horas no es un diagnóstico, es un folleto.
El formato también importa. Las hipótesis van escritas para que las entienda quien firma el presupuesto, no para que las entienda otro técnico. Cuando escribo «la plantilla de categoría bloquea la indexación de 4.000 fichas» la conversación se atasca. Cuando escribo «hay 4.000 productos que Google no puede ver y son el 40 % del catálogo», la decisión se toma en la misma reunión.
Lo que no se puede saber en 48 horas
Conviene ser claro con esto, porque hay decisiones caras que dependen de ello.
El perfil de enlaces no se juzga en dos días. Ver que un dominio tiene muchos o pocos enlaces no dice nada por sí solo.
Evaluar si esos enlaces sostienen el proyecto, si arrastran un historial que pesa o si el crecimiento de la competencia viene de ahí exige revisar el perfil dominio a dominio y contrastarlo con la evolución de posiciones.
Es un trabajo de días, no de horas, y es la base de cualquier estrategia de linkbuilding que se sostenga.
La calidad real del contenido tampoco. Se puede detectar en dos días que hay contenido duplicado o adelgazado, pero no si el contenido responde de verdad a lo que busca el usuario. Eso requiere leerlo con el criterio de quien conoce el sector.
El rendimiento técnico profundo, tampoco. Se ve si hay un problema grave, no dónde está el cuello de botella.
Por eso las primeras 48 horas no son una auditoría SEO. Son el trabajo que te dice si la auditoría merece la pena y por dónde debería empezar. Cuando alguien pide directamente una auditoría SEO completa sin este paso previo, muchas veces acaba pagando el análisis exhaustivo de una parte del sitio que no era la que le estaba costando dinero.
Por qué el orden importa más que la herramienta
Si tuviera que resumir todo esto en una idea sería esta: el valor no está en lo que se mira, está en el orden en que se mira.
Cualquiera con acceso a un rastreador encuentra cuatrocientos problemas en un sitio mediano. Eso no es difícil.
Lo difícil es decir cuáles de esos cuatrocientos están costando dinero hoy, cuáles costarán dinero dentro de seis meses y cuáles no le importan a nadie.
Un checklist te da cobertura. Una secuencia te da criterio. Y el criterio es lo único que justifica que alguien pague por esto en lugar de pasar su web por una herramienta gratuita.
Si estás evaluando un proyecto propio y no sabes por dónde empezar, prueba con las dos preguntas del principio.
Qué página te trae clientes y qué cambió en el último año. Si no puedes responderlas, ya sabes cuál es la primera tarea.
