El movimiento anarquista, con su ideal de autarquía y ausencia de leyes, nunca logró un éxito duradero porque chocaba con la naturaleza humana. Esta tensión refleja un debate fundamental sobre si la naturaleza humana es inmutable o puede transformarse, un dilema que ha marcado la historia política y social, desde Platón y Aristóteles hasta las ideologías contemporáneas como el capitalismo y el comunismo. A partir de mi experiencia, he aprendido que, más allá del sistema político, lo que realmente importa son los valores morales y la coherencia individual para construir una sociedad mejor en medio de nuestras imperfecciones humanas.
Una quimera de los anarquistas es la autarquía, la ausencia de leyes. La autogestión. El movimiento anarquista tuvo una época de esplendor que nunca llegó a manifestar éxito porque iba en contra de la naturaleza de las personas.
Tal Ben-Shahar, en su maravilloso libro sobre la felicidad, nos habla de la filosofía de Platón y Aristóteles.
Para Platón existen dos mundos, el mundo perfecto de las formas y el mundo imperfecto que percibimos. Aristóteles se separa de esta postura y considera que hay un solo mundo, una sola realidad que es la que percibimos a través de los sentidos.
¡Qué curioso como esta distinción llegó y nos influencia hasta nuestros días!
Tal Ben-Shahar cita en su obra el trabajo de Thomas Sowell del instituto Hoover de la Universidad de Stanford, de ciencias políticas.
Sowell considera que todos los conflictos políticos pueden reducirse a un desacuerdo entre dos visiones distintas de la naturaleza humana:
- La visión limitada que cree que la naturaleza humana es inmutable, que no cambia
- La visión ilimitada que creen que la naturaleza humana se puede cambiar y mejorar
Parafraseando a Ben-Shahar: «El sistema capitalista canaliza el interés de cada individuo hacia el bien común y no realiza ningún intento por cambiar el interés personal o la naturaleza humana».
El sistema opuesto del capitalismo por defecto, el comunismo, se inspiró en una visión ilimitada de la humanidad, intentando cambiarla.
Muchas de las discrepancias políticas se dan por estas dos visiones que contrastan nuestra propia naturaleza.
No puede haber una conciliación, si las propias ideas que tenemos de los seres humanos son tan diferentes.
Por ello, distintos sistemas políticos como el comunismo no han prosperado a largo plazo, porque basa sus principios en una visión idealizada del ser humano.
Yo estudie Antropología en una Universidad («la casa que vence las sombras») con una visión de izquierda muy marcada. Yo desayunaba todos los días en la «Sierra Maestra», un espacio homenaje a la revolución cubana.
Teniendo un padre indigenista, y criándome en un ambiente de las ciencias sociales y humanidades, mis veranos fueron siempre muy divertidos, eso sin duda.
Es normal que, criado en un espacio político de izquierdas, con un abuelo inmigrante de la España de la postguerra, con ideas republicanas, veneración por Fidel y todo lo que significó para muchos países latinoamericanos, tuviera una visión influenciada por ese entorno familiar.
Adoraba escuchar con mi abuelo las obras antiguas de Virulo: La historia de Cuba, el génesis, obras de finales de los 70 y principios de los ochenta.
Para quien no lo conozca, Alejandro García Villalón, conocido artísticamente como Virulo, es un humorista, cantautor, actor y guionista cubano nacido en La Habana en 1955; en la actualidad vive en México.
Es reconocido por su estilo que fusiona música, sátira y crítica social, y por ser uno de los miembros fundadores del movimiento de la Nueva Trova Cubana, junto a figuras como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola.
En la Universidad, la idea de anarquismo y autogestión me genero una fascinación absoluta que se mezclaba con mis intereses musicales del punk.
Compraba el periódico: «El Libertario», asistía a conciertos de punk, tuve un gran amigo del mundo del heavy metal, Jerry Chacón, antropólogo vocacional y brillante que, en el medio de cervezas y copas de ron, podíamos tener conversaciones infinitas de todos estos temas de conciencia social, autogestión, etc.
Esa idea romántica que llegué a tener de la política y de modelos alternativos se fue esfumando conforme iba generando un criterio propio, basado en mi experiencia y lo que viví en un país con una democracia, vamos a llamarla «compleja», como puede ser Venezuela.
País precioso, pero que lleva décadas en una crisis de confianza. La ley es «relativa». Basada en la parte que le interesa.
Esa crisis de valores y confianza hace que dejara de creer en todas las promesas políticas y mi visión de la democracia fuera, cuando menos, irónica y subversiva.
Algo no me cuadraba bien.
Sentía que la idea de «democracia» se nos vendió bien, y nos permitía visualizar el mejor sistema político que podíamos tener. Aun cuando viera una cantidad de fallos, más evidentes en países latinoamericanos, posiblemente por la juventud de sus democracias.
Me fui desilusionando de promesas y partidos y sentía que las personas votan en cada elección, no por una ilusión o creencia en un líder y su proyecto, sino por ser el «menos malo». Para evitar que los malos de derechas o los más radicales llegaran al poder.
Esa mediocridad se fue incrementando.
Conocí otras realidades, muchos países de Sudamérica, Centroamérica, y conocí el «imperio» norteamericano. Y poco a poco, vas madurando y suavizando posturas. Te das cuenta de que, a la luz de la juventud, muchas ideas se van matizando a golpes de realidad.
Llevo más de 17 años en España, maravilloso país donde me sentí cómodo desde el primer día. Aquí he desarrollado mi vida personal y profesional y las fronteras se desdibujan.
Como inmigrante eres una isla, pero me beneficio de la inmensa fortuna de tener diferentes bagajes y experiencias. Nada es bueno o malo, hoy entiendo que todo es una gama de matices.
Llevo dedicándome 10 años al mundo del SEO y WordPress, y no veo tanta diferencia de mi época de investigación. Sigo obsesionado con las personas, el cómo piensan, qué les motiva.
Sigo siendo un estudiante en muchos ámbitos. Incluso inicié una segunda licenciatura este año en psicología, una ciencia que me encanta. Creo que no calculé correctamente el tiempo de dedicación que implica, pero eso es otro tema que tendré que abordar más adelante. 😉
Hace años, cuando veía la serie de The Big Bang Theory, que me encantaba, me marcó mucho un episodio donde Sheldon, con su carácter autoritario, decía:
— ¡Me encanta China, saben cómo controlar a su gente!
No quiero banalizar, claro está con el sistema político chino, pero si he aprendido a darme cuenta de que, desde occidente, tendemos a simplificar el mundo y aplicar nuestras reglas morales y políticas con demasiada facilidad.
Me hacía gracia el comentario de Sheldon porque en cierta forma reflejaba mi postura en el sentido de que no creía mucho en la bondad innata de las personas. Creo que honestamente, los seres humanos somos entes sociales, y hay mucha gente que prefiere ese «control» para no pensar por sí mismos.
Lo entiendo, es una postura cómoda. Pero no dejaba de sorprenderme mi evolución. ¿Pasé de ser un idealista que creía en la anarquía, a ser un defensor de la democracia, a ver que tenía más huecos que un colador y a defender sistemas más autoritarios?
Jugando al abogado del diablo, suelo poner a Singapur como maravilloso ejemplo de crecimiento educativo, económico y buen equilibrio entre libertades. Me parece un caso de estudio muy interesante.
Es obvio que esto no es una apología. Cuando digo la frase de Sheldon la digo buscando generar polémica.
Pero si tengo la sensación de que cualquier crítica que hagamos del sistema democrático, se te pone en una casilla inmediata muy negativa. Y creo que esa postura es mediocridad; seguir las reglas sin tener nada de espíritu crítico.
Si a nivel personal no mejoramos cada día, y es una labor que debemos hacer diariamente, ¿no deberíamos intentar al menos hacerlo por la sociedad?
No digo que tengamos que ocupar cargos políticos, pero si estoy convencido de que, simplemente mejorando nuestro entorno inmediato, podremos lograr grandes cambios, aunque no los veamos nunca, ya que nuestro esfuerzo personal y colectivo se desgranará en el tiempo.
Como los constructores de catedrales cuya labor nunca sería concluida. Vivimos en una etapa de inmediatez que es irreal.
Desaceleremos nuestra vida y luchemos por mejorarnos a nosotros, a nuestros hijos y a nuestra sociedad, pero no «resistiéndonos». Los seres humanos somos imperfectos y desde la barrera es «fácil» sacar conclusiones:
— «Yo lo haría así»
Aceptando que somos imperfectos, y que nada de lo que hagamos funcionará siempre a la perfección. Al menos deberíamos de abocar por esa coherencia.
Nuestro ego domina nuestro discurso y la percepción de la realidad. No dejemos que esto nos nuble la mente.
Cada vez estoy más convencido de que no se trata del sistema político ni de la ausencia o presencia de leyes. Se trata de valores morales. De aquellos principios que marcan quién eres y a qué cosas les das valor como personas.
Como dice David Pastor Vico, en su libro: «Ética para desconfiados», «la moral es una forma de vivir».
Los humanos inventamos una herramienta que se llama moral para acotar, simplificar y reglar nuestro modo de relacionarnos con las otras personas.
En estos tiempos acelerados donde la atención ha sido secuestrada, es más que nunca necesario «parar» esa vorágine que nos rodea y que hace que nuestra mente no esté centrada en el aquí y en el ahora y reflexionemos:
¿Qué rige nuestra moral? ¿Cuáles son los valores que me motivan? ¿Hacia dónde me están dirigiendo esos valores?
Espero que encuentres una ruta que seguir, yo la sigo buscando. ¡Larga vida y prosperidad!

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Hola, Julia. Te escribo por tu correo para ayudarte con la asesoría. Gracias 🙂