La espiritualidad y la religión en Japón

Me crie en una familia agnóstica, pero por buscar la buena calidad educativa terminé estudiando en un colegio religioso (agustinianos). No me bautizaron, ni seguí las tradiciones católicas habituales (primeras comuniones, confirmaciones), pero cuando tuve que hacer algún trámite, me bautizaron con 15 años, teniendo que evitar mi nombre porque no existía en el santoral.

¡Qué bonito ejemplo de integración!

Así que mi relación con la religión católica no ha sido muy positiva en muchos sentidos.

Irónicamente, participé en retiros espirituales desde joven porque le veía mucho sentido a esa labor humanitaria y de acompañamiento. No todos los curas eran radicales; había algunos buenos.

Conviví con grupos religiosos que imponían su religión a grupos indígenas, pero al menos se esmeraban por mejorar su salud, educación y calidad de vida.

Claro, cuando estás empezando a explorar tu sexualidad y la masturbación, y tienes un cura que te dice que «hacerse una paja» es pecado y esa la razón por la que salías mal en los estudios, en mi estupidez juvenil me creí durante breves períodos toda esa mierda.

¡Ah coño! Por eso soy tan mal estudiante, ahora lo entiendo. Si me mato a pajas, es normal esto. 😉

Pero lo dicho, a pesar de que mi relación con el catolicismo pocas veces fue por buen camino, la espiritualidad, tal como la entiendo, me concedía una vía de paz y serenidad que siempre agradecí.

Siendo muy joven empecé a leer de yoga, meditación, sufismo, judaísmo, islamismo, budismo… y poco a poco vas encontrando tu sentido (tu camino) a todo. Por lo menos así me sucedió. Cada quien entiendo, tiene una ruta diferente.

Eso sí, mi camino nunca lo encontré en grandes religiones, sino en la enseñanza de personas. Maestros espirituales que te enseñan la vía, aunque no puedan hacer el camino por ti. Depende mucho del momento que recibes el mensaje y lo abierto o cerrado que puedas estar a ello.

Nuestra sociedad occidental tiene una influencia muy notable de la Iglesia católica en muchos de los valores y creencias que nos definen.

Si bien es verdad que no es la misma influencia en 2026 que lo que fue en 1930, sigue ejerciendo un velo que impregna nuestros pensamientos y valores. Y a veces me pregunto: ¿Es esto algo positivo? ¿Es un paradigma que mejora nuestras vidas o le da sentido a ella?

Ya que es algo que define las relaciones humanas de nuestro entorno inmediato, o incluso nuestra relación con el resto de esferas de la sociedad.

Viajé a Japón hace poco.

Ya escribiré sobre esto porque para mí, fue el mejor viaje de mi vida (un sueño cumplido) en muchos sentidos y me ha generado miles de reflexiones.

Algo que me explotó la cabeza de ese viaje y me ha tenido dándole vueltas desde que estuve allí ha sido la diferencia entre religiosidad – espiritualidad y qué implicaciones puede tener esto en una sociedad.

Allí existen dos «creencias», el sintoísmo y el budismo. Las llamo creencias, porque en realidad me cuesta mucho catalogarlas como religión, tal como la entendemos en el mundo occidental, donde la estructura rígida del catolicismo marca nuestro concepto de cómo debería ser una religión, cosa que es un error.

El sintoísmo (shinto) es la creencia autóctona de Japón, cargada de creencias animistas y rituales basados en la adoración de fuerzas naturales y sobrenaturales, antepasados, lugares u objetos (Dokusho Villalba, 2006). Veneran a los kami (espíritus o deidades), que están presentes en la naturaleza.

No tiene fundadores, ni textos sagrados, no tiene una estructura jerárquica detrás, busca la purificación de las personas (con rituales, como lavarse las manos y la boca). Tiene santuarios y toris que marcan la entrada a un espacio sagrado. Usan los omamori, u objetos amuletos protectores.

Con la llegada del budismo, que tiene un largo recorrido desde la India hasta las distintas corrientes que llegan de China (una historia apasionante), se ha generado un respeto y convivencia de las creencias de ambas prácticas.

En la actualidad, puedes ver templos sintoístas y templos budistas. Cada uno tiene sus particularidades pero ambos conviven con total normalidad y respeto, recibiendo practicantes de ambas posturas, pero no generando una dualidad, sino una convivencia maravillosa.

Puedes asistir a ceremonias de nacimiento en shinto y funerales budistas sin que esto genere ningún conflicto.

Yo he sido practicante de budismo Zen por muchos años, y desde aquí, lo veía como algo «separado» del resto de la sociedad o del día a día. Algo que me hizo ilusión, es ver lo integrado que estaba en la sociedad japonesa.

Pero curiosamente cuando investigas datos oficiales, por ejemplo de la Agency for Cultural Affairs (registro de templos y santuarios), señalan:

  • Shinto: 48–70%
  • Budismo: 46–70%
  • Cristianismo: 1%
  • Otras religiones: 5–7%

Estas cifras superan el 100% porque una misma persona puede estar registrada en varias religiones (por ejemplo, familia budista más prácticas shinto).

Y si nos ceñimos a las encuestas sociales, un 70% de las personas se considera no creyentes (sin religión). Pero entonces ¿Cómo interpretar esta paradoja?

La mayoría de las personas no creen en dogmas, no se identifican con una religión concreta. Pero a efectos prácticos, en su día a día, sí se ven influenciados por estas creencias que impregnan de valores, esperanza y fe.

Me flipaba ver en los templos a miles de personas ir a agradecer, a venerar a sus deidades, a seguir largas colas solo para ofrecer una reverencia.

Le decía a mi esposa en el viaje:

— ¡Esta es la gran diferencia con nosotros! Aquí está la clave de una sociedad donde se confía en las personas y su conjunto de valores

Como inicié esta reflexión, no puedo ser objetivo con el catolicismo porque me llenó de hipocresías y malas experiencias. Tampoco lo puedo ser con el budismo, que me ha dado todo lo contrario, muy buenas experiencias de vida.

Pero ante la crisis de valores que detecto en nuestra sociedad occidental actual me pregunto… ¿No será que los japoneses nos llevan siglos de evolución en el sentido espiritual?

Esas creencias les ayudan a vivir una vida más plena. A ser agradecidos, a regirse por un conjunto de valores y respeto por las otras personas.

Nosotros tenemos una iglesia hipócrita basada en mitos fundacionales que utilizan como una estrategia de poder y riqueza.

Como dice Borja Vilaseca en su libro: «Las casualidades no existen: espiritualidad para escépticos»:

«La historia de la religión es una historia dirigida por la mente, narrada por el ego y protagonizada por todo tipo de creencias limitantes y pensamientos ilusorios.»
Borja Vilaseca

Borja tiene en este libro una reflexión maravillosa, cuando señala que: «Nuestra vida se asienta sobre constructos sociales imaginarios».

Tenemos muchos ejemplos de entelequias: el lenguaje, el dinero. Estos acuerdos sociales nos permiten comunicarnos y cooperar a gran escala, a través de mitos comunes.

«Un cristiano no es más que alguien que cree en la historia que cuenta esta religión y participa de una realidad imaginaria llamada cristianismo.»
Borja Vilaseca

Los estados, la democracia, los sistemas educativos, los partidos políticos, los equipos de fútbol son todos realidades imaginarias colectivas. Lo convertimos en realidad al creer en ellos.

Después de este viaje, y observando cómo miles de jóvenes iban a agradecer y venerar algo, me preguntaba con cierta nostalgia:

— ¿No será esta la clave? ¿Evitar las jerarquías, los textos sagrados y retornar a un conjunto de creencias y valores que nos definan como personas? ¿Que nos ayuden a nivel personal y a vivir mejor con nuestro entorno?

En Japón, las «religiones» (puedes llamarlas como te dé la gana: filosofía, creencias, valores, espiritualidad) no reciben dinero del Estado. Se financian a sí mismas con el apoyo de sus creyentes.

No establecen reglas rígidas de lo que se debe o no hacer. Se basan en un conjunto de creencias y valores que mejoran nuestra vida y nuestro entorno.

Nos aportan un camino espiritual que podemos seguir o no. Depende de cada uno de nosotros. No hay nadie que te diga lo que debes o no hacer.

Igual me equivoco, pero dejadme soñar con una sociedad que se dirija por estos valores tan bonitos de construcción y no separación.

De olvidar reglas absurdas que tuvieron un sentido histórico, pero hoy, están desfasadas en todas sus facetas.

Nuestra sociedad occidental tiene que evolucionar, las democracias tienen que cambiar, y qué bonito sería que las grandes religiones que han «dominado» nuestro mundo se vayan diluyendo en un conjunto de creencias y valores personales que nos generen un camino de esperanza, ayuda y agradecimiento. No un conjunto de reglas que nos separan y permiten el abuso del poder de las personas.

¡Larga vida y prosperidad! Espero que encuentres tu camino espiritual o religioso. O como carallo lo quieras llamar.

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2 comentarios en «La espiritualidad y la religión en Japón»

  1. Me alegro mucho de que hayas realizado ese gran viaje de tu vida, en todos los sentidos. Y que además te hayas traído unos buenos recuerdos que disfrutarás durante muchos años.
    Me encanta tu filosofía de vida, para la que estoy 100 % de acuerdo, y estoy deseando que me cuentes en persona más sobre ese gran viaje.
    Un abrazo.

    Responder

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Wajari
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